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El desprecio, el insulto y la indiferencia "matan" — Papa Francisco

20 Octubre 2018

"Queridos amigos, cuidar a su hermano, especialmente de quienes pasan necesidad o es olvidado por la cultura del descarte, significa creer que cada hombre y cada mujer es un don de Dios".

Hoy me gustaría continuar con la catequesis sobre la Quinta Palabra del Decálogo, "No matarás".

"A los ojos de Dios, la vida humana es preciosa, santa e inviolable. El hombre, de hecho, lleva en sí la imagen de Dios y es objeto de su amor infinito".

En el Evangelio, Jesús revela un sentido aún más profundo de este mandamiento: la ira, el insulto y el desprecio contra los demás son también una forma de homicidio.

El Papa expresó que Jesús va más allá del "no matarás" (Ex 20, 13): "Todo el que odia a su hermano es un asesino" (1 Juan 3:15), pues todo aquel que se encolerice contra su hermano comente una forma de asesinato y agrega que también "el insulto y el desprecio pueden matar". Y nosotros estamos acostumbrados a insultar, es verdad. "Te viene un insulto como si fuera un respiro". El desprecio. "Pero yo...a esta gente, esto lo desprecio". Esto es una forma de acabar con la dignidad de la persona", criticó Bergoglio, quien pidió a los asistentes: "No insulteis a ninguno.

El Papa insiste que sería "bonito" si ésta enseñanza de Jesús "entrara en la mente y en el corazón y cada uno de nosotros dijera: 'no insultaré más nunca a nadie'". Y pone el insulto, el desprecio y el odio en el mismo nivel del homicidio. Y Jesús te dice ‘detente, porque el insulto hace mal. Mata. Muchas veces, explicó Francisco, "mientras esperamos que venga el sacerdote a decir la misa, se platica un poco y se habla mal de los demás". Pero es algo que no se puede hacer.

"Pensemos en la importancia del insulto, del desprecio, del odio".

¿Qué quiere decir Jesús al extender el campo de la Quinta Palabra hasta este punto? "El hombre tiene una vida noble, muy sensible, y posee un 'yo' recóndito no menos importante de su ser físico". De hecho - explica - "para ofender la inocencia de un niño es suficiente una frase inapropiada". Para herir a una mujer basta un gesto de frialdad. Para romper el corazón de una persona joven es suficiente negarle la confianza. "Para aniquilar a un hombre, basta simplemente ignorarlo". La indiferencia mata. Es como decirle a la otra persona: tú estás muerto para mí, porque lo has matado en tu corazón. No amar es el primer paso para matar; Y no matar es el primer paso para amar. Caín responde: "No lo sé. ¿Soy yo acaso el guardián de mi hermano?" Así hablan los asesinos: "no me concierne", "es problema tuyo, no mío" y cosas similares. "Probemos a contestar nosotros a esa pregunta: ¿somos guardianes de nuestros hermanos? ¡Sí, lo somos! ¡Somos custodios los unos de los otros!" Y este es el camino de la vida, el camino de no matar.

“La vida humana tiene necesidad de amor auténtico, un amor como el de Jesucristo, lleno de misericordia, que perdona y acoge sin condiciones. Es el que Cristo nos mostró, es decir, la misericordia.

Frente a todo esto, el Papa habló del "perdón" pues "el amor del que no podemos prescindir es el que perdona, el que recibe a quienes nos han hecho daño". Ninguno de nosotros puede sobrevivir sin misericordia, todos necesitamos el perdón, todos.

En este sentido, indicó que "si matar significa destruir, suprimir o eliminar a alguien, no matar es, en cambio, cuidar, valorizar, incluir y perdonar a los demás".

Antes de concluir, el Santo Padre dijo que nadie puede engañarse a sí mismo pensando: "Estoy bien porque no hago nada malo" y para que se entendiera mejor, recitó una frase de un santo que decía: "No hacer daño es bueno". Hay bien por hacer, preparado para cada uno de nosotros, cada uno el suyo, el que nos hace nosotros mismos hasta el final. Además, aseguró que "no matar" es un llamado al amor y a la misericordia y a vivir de acuerdo con el Señor Jesús, quien dio su vida por nosotros y resucitó por nosotros.

Entonces, "si matar significa destruir, suprimir, eliminar a alguien, entonces no matar significará curar, valorar, incluir".

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española venidos de España y Latinoamérica.

“Que el Señor Jesús, autor de la vida, nos conceda comprender que el mandamiento "no matarás" es, ante todo, una llamada al amor y a la misericordia, una invitación a vivir como Él, que por nosotros murió y resucitó. "Santa María, Madre de la Misericordia, nos ampare e interceda por nosotros", sostuvo.

El desprecio, el insulto y la indiferencia